YO COMO USUARIO/A
En la práctica del jueves 2 de marzo realizamos una práctica en la que debíamos narrar un acontecimiento individual. Este consistía en una experiencia vivida como usuarias, pacientes o clientas de algún servicio. En esa experiencia en la que pedimos ayuda podía ser tanto negativa como positiva. Se nos dieron una serie de preguntas que nos sirvieron para profundizar en el suceso acontecido.
Una vez puestas en común con nuestro grupo de prácticas, nos sorprendió descubrir que dos de las integrantes coincidíamos con asombrosa exactitud en las respuestas y en el hecho narrado:
1. ¿Qué me ocurrió?
En una edad temprana falleció un familiar muy cercano (a una de nosotras nos sucedió con 7 años y a la otra con 11).
2. ¿Cómo me sentí cuando necesité ayuda?
Cabe destacar que ninguna de las dos decidimos solicitar ayuda. Sin embargo, al ser menores a ambas se nos “impuso” acudir a la orientadora del centro para evaluar nuestra situación emocional tras la pérdida sufrida. Por tanto, podríamos decir que ambas nos sentimos obligadas a aceptar esa ayuda generando un sentimiento negativo o de rechazo ante esta.
3. ¿Tuve temor, prejucio, incredulidad antes de acudir?
Como ya hemos explicado anteriormente, la ayuda nos fue impuesta, al menos ante nuestros ojos. Por este motivo los sentimientos antes de acudir fueron de rechazo, agobio, rabia, irritación etc.
4. Cuando me ayudaron ¿hubo algo que me molestó?
A ambas nos molestó que las respectivas orientadoras de nuestros centros trataran de empatizar con nosotras contándonos cosas de sus vidas, como si haciéndonos ver que habían pasado por situaciones similares fuera a aliviar nuestro dolor.
Por otro lado, mientras que a una le desagradó el tono de superioridad y frialdad de su orientadora, a otra le molestó la intención de la orientadora escolar de reunirse con ella con bastante frecuencia.
5. ¿Cómo me gustaría que me trataran la próxima vez?
Ambas esperamos que no haya próxima vez, pero en el futuro creemos que sería una experiencia totalmente diferente ya que la manera de vivir el duelo de los adultos dista mucho de la pérdida en la infancia.
Sin embargo, es cierto que nos gustaría que la profesional fuera más cálida a la hora de tratar con nosotras y que no intentara convencernos de que sabe con exactitud cómo nos sentimos. Por otro lado, nos gustaría especialmente que la ayuda fuera solicitada por nosotras y no impuesta como sucedió antaño.
En la puesta en común con el resto de la clase nos dimos cuenta de que empatizábamos con muchas de las experiencias narradas. Muchas eran historias de esperanza en las que contaban acontecimientos llenos de sufrimiento pero de los que sacaban siempre algo positivo. Unas hablaban del cáncer sufrido por un familiar, otras de una operación a un familiar o a sí mismo, otras de conflictos familiares… Algunas señalaban elementos de los profesionales que les ayudaron que les gustaría cambiar (como poca sensibilidad por ejemplo) pero otras elogiaban su trabajo.
En conclusión, además de comprender los sentimientos de varias personas a la hora de solicitar ayuda en determinados sentimientos (esto nos puede ayudar a la hora de ayudar nosotros a nuestros clientes en el futuro al haber ampliado nuestra perspectiva viendo más allá de nuestra propias vivencias), nos hizo darnos cuenta de que toda experiencia negativa te hace crecer y aprender.
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