jueves, 30 de marzo de 2017

PRÁCTICA 3

LA ENTREVISTA DIAGNÓSTICA

Nos encontramos ante un conflicto familiar generado por la adicción de la hija menor a las drogas. La familia monomarental está compuesta por tres miembros: la madre y dos hijas (ya que el padre falleció dos años antes en un accidente de tráfico). La siguiente entrevista es la realizada por la trabajadora social a la madre con dos propósitos claros: obtener información y ofrecer ayuda. El primer propósito es esencial para posibilitar una adecuada intervención posterior independientemente del tema a tratar.

·         Recepción/acogida

- TRABAJADORA SOCIAL: (Se levanta para estrechar la mano al cliente y le hace un gesto con la mano para que tome asiento). Buenos días, por favor siéntese. ¿Le importaría si abrimos la ventana unos minutos? Hace mucho calor aquí.

- CLIENTE: No, claro.

- TRABAJADORA SOCIAL: Gracias. Me presento, soy Eva Rodríguez, una de las trabajadoras sociales del centro de atención al menor. ¿Cómo se encuentra?

- CLIENTE: Bueno… lo cierto es que llevo una temporada muy mala. Estoy aquí por mi hija menor, últimamente me tiene muy preocupada.

- TRABAJADORA SOCIAL: ¿Qué sucede? Cuénteme qué es lo que le preocupa, estamos aquí para buscar soluciones. Entre las dos llegaremos a alguna conclusión satisfactoria para ambas.

- CLIENTE: Desde hace tiempo mi hija Tamara y yo sospechamos que Alejandra está consumiendo drogas. Llevo semanas queriendo hacer algo, no piense usted que soy una mala madre… es solo que no sabía a dónde acudir.

•Exploración (Preguntas EP/ED)

- TRABAJADORA SOCIAL: ¿Por qué sospechan usted y su hija mayor de esta posible conducta por parte de Alejandra?

- CLIENTE: Bueno… lo cierto es que lleva meses agresiva, nos desaparece dinero…no se… está como fuera de sí. Ella antes no era así, ahora está como ida todo el tiempo. Ha adelgazado bastante y no se… (ojos llorosos).

- TRABAJADORA SOCIAL: (Le tiende un pañuelo) Comprendo perfectamente su preocupación por su hija, sin embargo todo aquello que me ha dicho no indica que esté consumiendo sustancias. ¿Tal vez hay algo más que no me has comentado?

- CLIENTE: No quiero parecer la típica madre que juzga a las compañías de su hija pero sé de primera mano que no va con gente buena… todo el mundo lo sabe, la gente me cuenta cosas…

- TRABAJADORA SOCIAL: ¿Podría concretarme algún ejemplo? Decirme alguien que le haya contado que su hija consume sustancias ilegales.

- CLIENTE: Todo el mundo, todo el mundo. Mis vecinos, madres de las anteriores amigas de mi hija Alejandra, amigas de mi hija mayor… y mucha más gente.

- TRABAJADORA SOCIAL: (Asentimiento) De acuerdo, además de estas informaciones por parte de fuentes externas a la familia, ¿ha tratado de hablarlo con ella?

- CLIENTE: Si es que nunca está en casa, solamente viene a comer y a dormir. Bueno y claro a por dinero, ¡si incluso nos ha llegado a robar a su hermana y a mí los ahorros en un par de ocasiones… Una vez intenté mencionárselo pero se puso todavía más agresiva, nunca la había visto así.
- TRABAJADORA SOCIAL: ¿Podría hablarme más acerca de esa agresividad?

- CLIENTE: Si claro, se pone a tirar cosas, a dar portazos, a insultarnos… de momento nunca nos ha pegado pero la semana pasada le tiró una sartén a nuestra perra Estrella y ahí es cuando decidí venir.

- TRABAJADORA SOCIAL: Usted antes me estaba diciendo que Alejandra ya lleva bastante tiempo en este estado. ¿Por qué fue ese el motivo desencadenante?

- CLIENTE: Ella antes nunca habría hecho eso, Estrella es lo que más ha querido siempre. Estuvo suplicando que le compráramos un perro durante años y cuando lo hicimos estuvo meses sin separarse de ella.

- TRABAJADORA SOCIAL: ¿Usted y su marido se lo regalaron?

- CLIENTE: Sí, Rodolfo falleció hace dos años en un accidente de tráfico, tres años después de incluir a Estrella a la familia.

- TRABAJADORA SOCIAL: (Asentimiento) ¿No cree que el fallecimiento de su marido ha podido ser uno de los factores que han llevado a Alejandra a esta situación?

- CLIENTE: Nunca lo había pensado pero es cierto que fue unos meses después de fallecer mi marido cuando empezó a ir con esta gente.

•Intercambio/Clarificación

- TRABAJADORA SOCIAL: De acuerdo, podríamos trabajar sobre ello. Es frecuente que sucedan cosas similares en adolescentes con pérdidas trágicas de alguno de los dos progenitores, o de una persona muy cercana a ella. Me gustaría saber si viene con alguna idea premeditada a consultarme o su intención es solicitar información para…

- CLIENTE: ¡No, no! No tengo ni idea de lo que hacer, me gustaría encontrar una solución a esto y que mi familia volviera a ser la de antes. No sé que hacer, estoy muy perdida y agobiada.

- TRABAJADORA SOCIAL: Lo comprendo perfectamente, mis expectativas son las de ayudarle a usted y a su familia en lo máximo posible. Entiendo perfectamente su situación y su estado de ánimo ante esta problemática. Me gustaría proponerle que viniera su hija la semana que viene para tener una entrevista conmigo antes de tener la segunda con usted.

- CLIENTE: Claro, tal vez aquí cuente algo porque lo que es en casa…

•Cierre/Despedida

- TRABAJADORA SOCIAL: Seguro que sí. ¿Qué le parece si llama el jueves para concertar una cita? Mi secretaria le explicará el horario y podrá concretar el que más les convenga a Alejandra y a usted. Pregunte por Eva Rodríguez. De todos modos le voy a apuntar el número en esta tarjeta para que no se tenga que tomar ninguna molestia.

- CLIENTE: Muy amable, gracias.

- TRABAJADORA SOCIAL: Es muy importante el paso que usted ha dado de venir aquí. Estaré encantada de recibirlas a ambas la próxima semana.

- CLIENTE: (se levanta) Muchas gracias, me ha resultado muy reconfortante la charla con usted.


(Ambas se estrechan la mano y la trabajadora social acompaña al cliente a la puerta a modo de despedida).

jueves, 16 de marzo de 2017

PRÁCTICA 2

YO COMO USUARIO/A

En la práctica del jueves 2 de marzo realizamos una práctica en la que debíamos narrar un acontecimiento individual. Este consistía en una experiencia vivida como usuarias, pacientes o clientas de algún servicio. En esa experiencia en la que pedimos ayuda podía ser tanto negativa como positiva. Se nos dieron una serie de preguntas que nos sirvieron para profundizar en el suceso acontecido.
Una vez puestas en común con nuestro grupo de prácticas, nos sorprendió descubrir que dos de las integrantes coincidíamos con asombrosa exactitud en las respuestas y en el hecho narrado:

1.  ¿Qué me ocurrió?
En una edad temprana falleció un familiar muy cercano (a una de nosotras nos sucedió con 7 años y a la otra con 11).

2.  ¿Cómo me sentí cuando necesité ayuda? 
Cabe destacar que ninguna de las dos decidimos solicitar ayuda. Sin embargo, al ser menores a ambas se nos “impuso” acudir a la orientadora del centro para evaluar nuestra situación emocional tras la pérdida sufrida. Por tanto, podríamos decir que ambas nos sentimos obligadas a aceptar esa ayuda generando un sentimiento negativo o de rechazo ante esta.

3.  ¿Tuve temor, prejucio, incredulidad antes de acudir?
Como ya hemos explicado anteriormente, la ayuda nos fue impuesta, al menos ante nuestros ojos. Por este motivo los sentimientos antes de acudir fueron de rechazo, agobio, rabia, irritación etc.

4.  Cuando me ayudaron ¿hubo algo que me molestó?

A ambas nos molestó que las respectivas orientadoras de nuestros centros trataran de empatizar con nosotras contándonos cosas de sus vidas, como si haciéndonos ver que habían pasado por situaciones similares fuera a aliviar nuestro dolor.
Por otro lado, mientras que a una le desagradó el tono de superioridad y frialdad de su orientadora, a otra le molestó la intención de la orientadora escolar de reunirse con ella con bastante frecuencia.

5.  ¿Cómo me gustaría que me trataran la próxima vez?
Ambas esperamos que no haya próxima vez, pero en el futuro creemos que sería una experiencia totalmente diferente ya que la manera de vivir el duelo de los adultos dista mucho de la pérdida en la infancia.
Sin embargo, es cierto que nos gustaría que la profesional fuera más cálida a la hora de tratar con nosotras y que no intentara convencernos de que sabe con exactitud cómo nos sentimos. Por otro lado, nos gustaría especialmente que la ayuda fuera solicitada por nosotras y no impuesta como sucedió antaño.
En la puesta en común con el resto de la clase nos dimos cuenta de que empatizábamos con muchas de las experiencias narradas. Muchas eran historias de esperanza en las que contaban acontecimientos llenos de sufrimiento pero de los que sacaban siempre algo positivo. Unas hablaban del cáncer sufrido por un familiar, otras de una operación a un familiar o a sí mismo, otras de conflictos familiares… Algunas señalaban elementos de los profesionales que les ayudaron que les gustaría cambiar (como poca sensibilidad por ejemplo) pero otras elogiaban su trabajo.
En conclusión, además de comprender los sentimientos de varias personas a la hora de solicitar ayuda en determinados sentimientos (esto nos puede ayudar a la hora de ayudar nosotros a nuestros clientes en el futuro al haber ampliado nuestra perspectiva viendo más allá de nuestra propias vivencias), nos hizo darnos cuenta de que toda experiencia negativa te hace crecer y aprender.

PRÁCTICA 1

AUTOCONOCIMIENTO E IDENTIFICACIÓN DE EMOCIONES


Esta práctica que hemos realizado tenía como objetivo aprender a poner palabras a nuestros sentimientos para poder interpretarlos y aceptarlos en un futuro y mejorar nuestra inteligencia emocional.

Esta tarea se ha centrado principalmente en tres estados de ánimo negativos: la tristeza, la rabia y el miedo. Cada uno de nosotros debíamos escribir en un papel de manera anónima  tres situaciones de nuestra vida diaria en la que sentíamos estas tres emociones. Para inspirar y  evocar aquello que nos causa tal sensación, hemos contado con el apoyo de tres melodías que se relacionaban con éstos tres. Después de cada canción introducíamos en un sobre nuestro papel. Cuando los tres sobres ya estaban llenos, cada uno hemos cogido un papel de manera aleatoria para leerlo en voz alta y descubrir los sentimientos de nuestros compañeros.

Primero hemos comenzado con la tristeza. Un hecho a destacar es que muchos de los compañeros mencionaban en sus sentimientos de tristeza a sus padres: me siento triste cuando me despido de mis padres, me siento triste cuando decepciono a mis padres, me siento triste cuando veo a mi madre llorar… Esto nos ha hecho reflexionar sobre la importancia que nuestros padres tienen en nuestro día a día. El sentirnos tristes nos hace valorar lo que es significativo para nosotros. Además, muchas veces ocultamos este sentimiento de tristeza por vergüenza o por inseguridad. No obstante, muchas veces ignoramos que expresar nuestros sentimientos de tristeza nos puede ayudar a aliviar el dolor que sentimos y liberarnos de más tristeza. También es importante conocer que los estados de ánimo no son permanentes, de manera que si en un momento nos encontramos tristes, al cabo de unas horas podemos estar de nuevo contentos.

Para continuar, hemos seguido con la rabia. Las situaciones de rabia más repetidas entre nuestros compañeros estaban relacionadas con los sentimientos de autorrealización y de reconocimiento social: siento rabia cuando las cosas no salen como espero, siento rabia cuando no me siento valorada, siento rabia cuando no se tienen en cuenta mi opinión… Estos dos aspectos son muy importantes para nosotros ya que mejoran nuestra autoestima.

Este sentimiento es negativo, ya que genera en nosotros una frustración ante una amenaza, pero no debemos de olvidar que también encarna un sentimiento positivo, ya que es precisamente la rabia lo que nos lleva a actuar y a defendernos. La rabia genera agresividad pero para afrontar este sentimiento de manera correcta es bueno expresar aquella situación que nos está generando este sentimiento para evitar más rabia y en consecuencia más agresividad.

En tercer lugar, hemos continuado con el miedo. Es curioso que además de algunas situaciones que generan miedo a nuestros compañeros como: siento miedo cuando estoy en una habitación a oscuras, tengo miedo a sentirme sola, ciento miedo ante algo desconocido… también se ha repetido en tres ocasiones la siguiente frase: tengo miedo a volver de noche sola a casa.

El hecho de sentir miedo ante un problema social que escapa a nuestro control es mucho más alarmante que sentir miedo a aquello que de alguna manera podemos controlar. Esta frase ha abierto un debate sobre lo preocupante que es en nuestra sociedad que las mujeres sintamos miedo a ser agredidas o acosadas cuando vamos solas por la calle. Tal y como ha apuntado nuestro profesor, deberíamos de crear una sociedad en la que todos nos sintiésemos seguros y basada en la protección de todos nosotros. En nuestra opinión esto contribuiría a acabar con muchos más sentimientos de miedo que se dan en nuestro día a día.

La valoración de esta práctica ha sido positiva ya que nos ha ayudado a poner en palabras todo aquello que a veces nos cuesta expresar. No sólo nos ha permitido conocer los sentimientos de nuestros compañeros sino que además hemos podido observar que muchos de nosotros experimentamos tristeza, rabia y miedo ante lo mismo. Es decir, los seres humanos no somos tan diferentes sino que tenemos más puntos en común que nos hacen más parecidos de lo que pensamos.

El hecho de que la actividad fuese anónima también nos ha hecho estar más cómodos y participar mejor en ella. Al hablar de sentimientos creo que muy pocos de nosotros nos hubiéramos atrevido a expresar abiertamente aquello que nos genera tristeza, rabia o miedo, por lo que optar por el anonimato ha sido una buena opción.
Como conclusión, esta experiencia nos ha ayudado a mejorar nuestro autoconocimiento emocional y a tratar de evitar ser unos analfabetos afectivos, aunque estamos seguras de que muchos de  nosotros necesitaremos un entrenamiento mayor.